Europa-Rusia, una relación de amor-odio.

Rusia siempre ha querido buscar su lugar en el mundo.  Rusia, que ha estado tradicionalmente acostumbrada al bilateralismo, se ha visto envuelta en un nuevo mundo tendente al unilateralismo y al multilateralismo por momentos. Pero sobre todo, se ha visto envuelta en un mundo bilateral, dividido principalmente entre Occidente y el resto del mundo.  

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Ésta siempre ha sido la división mundial: Occidente, integrado por la UE, EEUU, aliados, etc…y el resto de Estados. Hasta ahora, Rusia siempre se había mantenido en el lado de los no aliados, tanto por autoexclusión y su manía con ser una superpotencia mundial, como por la exclusión del resto. Sin embargo, también es cierto que con el hasta hace poco Presidente de Rusia, Dimitri Medvédev (¿o Putin en la sombra?), se pudo observar un cambio de rumbo.   Así, este Presidente pretendió cambiar las relaciones entre Rusia y las diferentes organizaciones y potencias internaciones, a través de una mayor integración y cooperación entre ambos. 

Se puede decir, por tanto, que gracias a Medvédev se dio un minúsculo cambio de actitud de Rusia, en especial si lo comparamos con la era Putin, la crisis económica de Rusia de los años noventa y la derrota de la URSS.  Cabe decir también que el cambio de actitud también se dio desde Occidente, en cuanto que mostraron un mayor acercamiento (dos no se pelean si uno no quiere). Por tanto, parece que la nueva Rusia ha intentado recuperar su papel en el mundo, a través de la recuperación de su propio estatus mundial como potencia de primer orden, utilizando todos sus recursos a su alcance: energéticos, militares, colaboración con la ONU y OTAN…

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Como ejemplo de la nueva estrategia rusa por recuperar su estatus, se podría hablar del conflicto jurídico y territorial que ha supuesto que Rusia haya intentado ‘conquistar’ el lecho marino  del Polo Norte (llegando a poner incluso su bandera) o de sus maniobras militares en Europa del Este. Sin embargo, también se apunta que, a pesar de las intenciones rusas, Rusia no podría considerarse (o compararse) una potencia mundial económicamente hablando, e incluso su PIB crecería menos que las llamadas nuevas potencias (China e India).

A pesar de la voluntad de Rusia para establecerse de nuevo como potencia mundial, la política de Rusia se ha basado más en reformas internas que en publicitarse o competir con otros actores internacionales, a través de flexibilización del mercado interior, mejoras en la calidad de vida de los ciudadanos, etc.. Esto puede deberse a que, como decíamos al principio, para conseguir progresar parece que no quede otra que la de integrarse en el actual sistema. Rusia, por ejemplo, no sobreviviría económicamente si estableciera medidas más proteccionistas con su energía que, en gran parte, exporta a sus vecinos europeos. Uno de estos ejemplos del crecimiento ruso, por ejemplo, puede verse en el aumento considerable de turistas rusos e inversores por toda Europa.

Puede que Rusia, en el afán de convertirse de nuevo como una potencia mundial, esté integrándose en aquellas partes del mundo que pueda aprovechar para su beneficio. Por ejemplo, afirmando su razón en el plano internacional cuando ha rechazado tradicionalmente el capitalismo, una de las causas de la actual crisis económica internacional…

Las relaciones entre la UE y Rusia van en aumento. La dependencia entre ambos actores es muy importante, en cuanto que Europa depende de Rusia en materia energética y Rusia, de la inversión económica europea. Los datos hablan por sí solos.

Sin embargo, a pesar de esta importante dependencia, Rusia y Europa no siempre han entendido las relaciones de la misma manera en cuanto que ambos actores tienen diferentes intereses y maneras de definir conceptos. Pero la realidad no es modificable. Actualmente, la relación entre ambos es prioritaria y se está construyendo una relación de socios, que debería basarse en el mutuo respeto. No cabe duda, por tanto, que tanto para Rusia como para la UE, las relaciones a establecer tanto en el presente como en el futuro deben basarse en una mayor proximidad. Es posible que, por diferentes motivos culturales, jurídicos, soberanos, etc..Rusia nunca sea un Estado Miembro de la UE, pero lo que sí es probable es que se constituya como socio prioritario y preferente. Un sujeto a proteger, en cuanto que ambos  actores son dependientes, complementarios y hay intereses compartidos. 

Esta dependencia, a la vez, provoca que sea la UE quien tiene en su poder la llave para otorgar a Rusa una fiabilidad internacional y seguridad que necesita para hacerse valer como potencia o Estado integrador y respetuoso, ya que Rusia se mantiene, por el momento, de las exportaciones a la UE.

Sin embargo, Rusia no podrá mantener este respeto europeo si, a la vez, no respeta algunos de los valores europeos más básicos, como podrían ser los Derechos Humanos y las libertades fundamentales.

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Rusia se sigue sintiendo marginada de las instituciones y organizaciones internacionales, y amenazada por la constante expansión de la OTAN. Es la UE, de nuevo, quien tiene el poder para paliar esta situación. Esto se debe, también, a que puede que la UE sea de los pocos actores (aunque in crescendo) que estarían generando cierta simpatía en Rusia. Potenciar el diálogo político es fundamental, pero para esto es necesario que ambos actores se entiendan, tengan la voluntad para entenderse y, sobretodo, se establezcan unas bases de mutua confianza e igualdad. Este poder europeo puede conseguir la estabilización de Rusia y, sobretodo, expandir la sensación de seguridad internacional.

Rusia es, por tanto, especial para la UE. De la misma manera que la UE lo es para Rusia. Ambas potencias, a la vez, destacan por su importancia en el plano internacional. Esto, por tanto, debe verse como algo positivo y a proteger ya que, la cooperación y el estrecho entendimiento solo pueden servir para beneficiarse mutuamente.

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A pesar de esta importante relación, también es cierto que entre ambos actores existen aún heridas abiertas y cierta confrontación por cierta temática, como podrían ser el respeto de los derechos humanos. Sin embargo, esta vital dependencia también puede interpretarse en el sentido que la relación entre ambos es tan vital que, en ocasiones, otros asuntos se olvidan. Por tanto, ¿condiciona la imagen como potencia y nación de Rusia las relaciones con la UE? Todo parece indicar lo contrario. A pesar de esta voluntad rusa de recuperar su estatus en el mundo, la forma en que se está haciendo, en concreto, integrándose en las Organizaciones y cooperando con los otros actores internacionales, ha generado un sentimiento positivo hacia Rusia, en cuanto se entiende que está avanzado positivamente para el entendimiento que, clásicamente, nunca se había dado entre Rusia y Occidente.

Sin embargo, este entendimiento o intento, debe ser mutuo. Las importantes relaciones UE-Rusia no son un simple juego que puedan perderse por las cabezonerías de uno u otro Estado.  Nadie sobrevive, al menos ahora, aislado.

El poder de la UE sobre Rusia debe servir, también, para incentivar a este gran país a adoptar importantes reformas democráticas y de protección de los derechos humanos.

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