El Sud de Europa es (o era) otro mundo.

(post originalmente publicado en http://viscagava.cat/)

Hasta la crisis económica del 2008, Europa del sud era conocida por el norte de Europa como Marina d’Or, ciudad de vacaciones. Era el paraíso para los ingleses, alemanes, franceses, y el resto del norte de Europa. Normal: algunas cosas buenas también teníamos, y aún las conservamos, con la gastronomía, el buen clima, las tradiciones y una buena oferta de ocio y descanso.

Pero, como hemos ido viendo durante estos cinco años, también hemos tenido una importante lista de cosas negativas en el Sud de Europa. Nos conocían como los PIGS, y, conforme ha ido avanzando la crisis, ha sido difícil desmentir esta definición.

De manera general, Europa del Sud también se ha caracterizado por malgastar el dinero público; ser refugio de las mafias europeas; de nuestra baja productividad laboral; de nuestra afición por la economía sumergida; de nuestra especial amistad con la construcción desmesurada, por ser sede oficial de corruptos; por el poco control de Hacienda, etc.

Es evidente que no hemos sido perfectos. Y es evidente que muchos de nosotros no nos hemos dado cuenta de las consecuencias negativas que permitir todas estas barbaridades nos podría provocar algún día. De la misma manera que es difícil aceptar que hemos sido buenos alumnos, también es difícil afirmar que la responsabilidad exclusiva sería de la ciudadanía. En todo caso, los mayores responsables los encontramos en la gente que, teniendo poder político, lo han permitido durante años y años.

Obviamente, todos los países europeos tenemos nuestros puntos fuertes y débiles, y no podemos decir que la Europa del norte haya también hecho todos sus deberes. Un buen ejemplo sería Gran Bretaña, donde encontramos el segundo mayor centro especulativo del mundo (La City de Londres), que actúa con completa libertad y donde encontramos también grandes defectos en la sanidad pública que, recientemente, ha provocado la muerte evitable de miles de personas.

Pero, como mínimo, podemos decir que los países del Norte de Europa sí han hecho los deberes económicamente hablando y es por eso que de manera constante los envidiamos: el poco fraude existente, el alto nivel productivo y una apuesta de los Gobiernos por la economía saneada y sostenible tiene, como consecuencia, bajo niveles de desempleo y un alto estado de salud del nivel del estado de bienestar.

No es de extrañar, por tanto, que muchas de las reformas económicas que se piden en el sud de Europa vayan encaminadas a copiar o asimilarse a los sistemas económicos y de control y transparencia del Norte de Europa.

Recientemente, se ha vivido un episodio triste de nuevo en el Sud de Europa: el rescate de Chipre. Triste porque cualquier rescate es indicio de que algo no funciona bien en el país.

A diferencia del resto de rescates, el rescate de Chipre se ha caracterizado por la imposición de un impuesto a los depósitos de más de 100.000 €. Esto es considerado por muchos como un robo. Probablemente no sea la solución que más nos gustaría pero pongamos un ejemplo claro:

Imaginen ustedes que Suiza, capital europea de los paraísos fiscales, y que parte de su economía se sustenta en este estatus, necesite un rescate y que, de no obtenerlo, su quiebra arrastraría al resto de economías europeas a un apocalipsis . ¿Qué harían ustedes? Estarían dispuestos a entregar millones y millones de Euros a Suiza para salvar su economía, a pesar de que ha sido un paraíso para ladrones y evasores fiscales, y que su estatus de paraíso les ha permitido ser un país avanzado durante muchos años?

La respuesta puede ser no sencilla, pero quizás, ayuda a entender porque algunos países europeos se han negado a entregar el dinero sin más. Muchos han pensado que no sería justo entregar dinero a Chipre para salvar una economía que ha sido aprovechada por evasores fiscales y mafias rusas para blanquear su dinero. Dar dinero sin más podría significar, por tanto, que parte del dinero europeo público que entregáramos a Chipre estaría ayudando a salvar las carteras de algunos delincuentes.

Por otra parte, también cuesta creer que la mayoría de los depositantes de más de 100.000 € sean trabajadores chipriotas. De hecho, algunas estadísticas coinciden en que el 54% o más de los depósitos de Chipre tienen más de 100.000 € y que, del total de los depósitos, el 42% corresponderían a depósitos de más de 500.000 €. Por tanto, si además de entregar dinero público de todos los europeos, debemos entregar dinero para salvar una banca utilizada mayormente por personas con más de medio millón de Euros en depósitos y que corresponden mayormente a evasores fiscales, parecería justo esta tasa a los depósitos de más de 100.000 €, no? Se trataba, básicamente, de que los europeos no tuviéramos que soportar la quiebra de un país considerado paraíso fiscal con dinero público.

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Es cierto que muchos, como yo mismo, nos planteamos cómo es posible que se haya dejado que este modelo productivo se haya desarrollado sin ningún tipo de control. De la misma manera que nos preguntamos cómo es posible que se hayan construido aeropuertos sin aviones, o ciudades culturales sin cultura, o miles y miles de edificios completamente vacíos.

Quizás ya no es tiempo de buscar culpables o responsabilidades, pero sí es tiempo de hacer las reformas adecuadas para evitar que barbaridades como las vividas vuelvan a pasar.

(post originalmente publicado en http://viscagava.cat/)

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