Catalunya is European Union.

[Artículo originalmente publicado en Economía en la Nube]


¿Es Catalunya viable en la Unión Europea? ¿Si Catalunya se independizase, accedería a la Unión Europea? ¿Sería reconocida automáticamente en la UE? ¿Seguiríamos en la UE?

En las últimas semanas no hemos parado de leer, escuchar… todo tipo de opiniones, comentarios, informes, análisis, encuestas, etc… sobre este asunto. Sin embargo, como bien he dicho, tan sólo se trata de conjeturas. ¿Por qué? Pues, para empezar, porque no hay precedente. Y, en tanto que no hay precedente, no hay legislación.

Esto, de antemano, se traduce en una única expresión: sólo sabemos que no sabemos nada. Ni lo vamos a saber hasta que, o Catalunya se independize, o se regule jurídicamente, o el Gobierno solicite un dictamen a la Comisión Europea con el fin de que sus servicios jurídicos estudien el tema. Sin embargo, sea dicho también, que sea cual pueda ser la conclusión, cualquier jurista sabe que el derecho es interpretable pero también modificable. Nada es para siempre, y menos el derecho, que entre sus objetivos pretende adaptarse a los nuevos tiempos.


Por otro lado, y en estos tiempos que corren, un europeísta convencido como yo debería sentirse puramente orgulloso de que todos los partidos catalanes y la mayoría de ciudadanos tengan miedo de la independencia por 
‘si nos quedamos fuera de la UE’. Es un placer escuchar esto en plena crisis económica, política y europea. Parece que, de una u otra manera, la ciudadanía y los partidos en general nos estamos dando cuenta que no hay futuro sin una Unión Europea políticamente fuerte.

Volviendo al tema inicial, conviene que estudiemos mínimamente qué dice el ordenamiento jurídico europeo.
Esta pregunta, que debería ser obvia y básica parece haber sido sustituida últimamente por opiniones sentimentales, dejando de lado lo más principal: el derecho que todo Estado de Derecho posee.

Pues bien, los Tratados no dicen nada. No regulan que pasaría si un territorio de un Estado Miembro de la UE se independiza de ese Estado Miembro, ¿seguiría siendo miembro de la UE? ¿Perderíamos los catalanes nuestros derechos como europeos? A pesar de este vacío legal (normal, dado que no se puede predecir el futuro), muchos no han dudado en afirmar que Catalunya seguiría siendo un Estado Miembro de la UE de manera automática.

En mi opinión personal, sin embargo, se me hace imposible afirmar tal expresión, de la misma manera que tampoco podría afirmar lo contrario, es decir, que no seguiría siendo miembro de la UE. Es sencillo: de donde no hay no se puede sacar, y no hay acto jurídico o legislación alguna que lo regule.

¿Y si, como parece lo más lógico, una hipotética Catalunya independiente abandona la UE automáticamente al separarse de España? Pues bien, aquí SÍ tenemos respuestas jurídicas: los Tratados sí que regulan cómo un Estado podría acceder a la Unión Europea.

En primer lugar, se pide que cualquier Estado europeo que solicite su adhesión formal a la UE cumpla con
 “el respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres”.

En segundo lugar, se pide que los Estados candidatos posean las siguientes características
:“estabilidad de las instituciones que garantizan la democracia, el Estado de Derecho, los derechos humanos y el respeto y la protección de las minorías; la existencia de una economía de mercado viable, la capacidad para hacer frente a la presión de la competencia y a las fuerzas del mercado en el seno de la UE; la capacidad de asumir las obligaciones como miembro que se derivan del Derecho y de las políticas de la UE (acervo), incluida la adhesión a los objetivos de la Unión política, económica y monetaria; y, finalmente, haber creado las condiciones para su integración mediante la adaptación de sus estructuras administrativas.”

Viendo las condiciones que la Unión Europea exige a un Estado candidato parece evidente que, de antemano, 
Catalunya cumpliría con todos y cada uno de los diferentes requisitos que la UE exige para ser aceptada como Estado Miembro de la Unión. Se trata de condiciones y exigencias que Catalunya lleva aplicando de manera constante desde la transición española y, sobretodo, desde la adhesión de España a la UE en 1986, cuando el Estado ya debió adaptarse a estas condiciones europeas.

No se trata, por tanto, de un problema de condiciones o exigencias o adaptación, si no que es un problema pura y exclusivamente político, en tanto que son TODOS los Estados ya Miembros de la UE los que deben votar a favor de la adhesión de un nuevo Estado.

Por otro lado, si algún día Catalunya fuera un Estado independiente, y se tuviera el convencimiento de que pasaría a formar parte de la Unión Europea, este traspaso de un estatus a otro no debería suponer ningún trauma y, como se ha venido haciendo hasta ahora, habrían suficientes negociaciones, dictámenes, informes, estudios y un proceso transitorio que permitirían a Catalunya ser un Estado Miembro de la UE sin necesidad de tener que abandonar ni el euro, ni la ciudadanía europea, ni ningún derecho, beneficio u obligación como europeos. No sería lógico, por tanto, dejar de ser europeos (y consecuentemente dejar de tener derechos) de manera temporal para luego recuperarlos una vez ya fuera aceptada Catalunya.

La pregunta es: ¿será España un Estado lo suficientemente civilizado y democrático como para aceptar que sus vecinos catalanes, puramente europeos, que comparten una lengua, una cultura, una historia, etc… puedan ser miembros por su propio derecho de la Unión Europea?¿No sería incoherente que el Estado haya, en cambio, aceptado que país
es con tan pocas cosas en común con España como Chipre, o Malta, o Rumania, formaran parte de la UE y que, sin embargo, no acepte a sus vecinos catalanes?

En definitiva, 
“con arreglo a la voluntad de los padres fundadores y al espíritu de los Tratados, la UE responde a su objetivo de ser un espacio de unidad en la diversidad, promotor de estabilidad y prosperidad, y agrupa a países que comparten un compromiso y unos valores comunes, a saber, la libertad, la democracia, el Estado de Derecho y el respeto de los derechos humanos”.

Ese es el espíritu de la UE. ¿Lo conservará España?
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